El empeño cultural

Estamos firmemente convencidos que la cultura es un hecho, no un razonamiento o el fruto de un intelectualismo. Para nosotros, del Centro Cultural One Way, hablar de cultura es hablar de un juicio que nace de una experiencia. Como seres humanos nos interesamos por todos los acontecimientos de la realidad, por sus condiciones y situaciones y las juzgamos porque no hacerlo sería desinteresarse del mismo hombre.
Se trata de una posición que nos pone frente a una revisión cultural, para no dejarnos llevar, como todos, por la impresión del momento; porque normalmente muchas cosas se dan por sentadas mientras no deberían serlo. Para no dejarnos llevar por la mentalidad dominante y por el juicio de todos debemos tener clara nuestra propia identidad y preguntarnos: ¿qué es lo que le da sentido a todo el actuar? La cultura es una dimensión de cada ser humano y consiste en el creer en un fundamento como experiencia en acto, no en un fundamento que no implica la vida. Buscamos respuestas a las necesidades que el hombre tiene.
Creemos que la cultura nace de una experiencia que hace surgir una pasión y una atención hacia ambientes, eventos, circunstancias, intereses, problemas y situaciones que nos mueven a juzgar estas realidades. Nace así un trabajo capaz de modificar las cosas para el futuro, interesándose de lo que acontece alrededor nuestro, no porque seamos culturalmente más inteligentes que otros, sino porque no hacerlo sería desatender nuestra propia humanidad. En este sentido reconocemos de manera imperante la necesidad de contribuir a la tarea cultural comprometida por la aventura de la humanidad en el mundo de hoy.
La cultura no se encuentra en los periódicos, en la televisión o en los tweets más posteados sino en el corazón y en la experiencia de las personas que pueden mirar con seriedad a la vida, sabiendo que están realizando una tarea. Una cultura que ayude a la gente a vivir teniendo una conciencia de sí mismo y de la realidad nos hace realizar plenamente la humanidad, hace surgir el deseo de movernos a encontrar a los demás desde nuestra identidad, nuestro sentido de pertenencia, involucrados con las personas y los hechos. Una cultura así se vuelve incisiva y decisiva.
Por ello, hacer cultura es un compromiso para la construcción de una humanidad nueva, que tenga como primera preocupación el vivir y el actuar en función del hombre y de nosotros mismos.



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