El hijo pródigo

Marc Chagall (1887 – 1985), extraordinario artista de origen ruso, hebreo, exiliado en Francia y luego en los Estados Unidos, escapando de la persecución nazi participó en diferentes Vanguardias Artísticas como el Cubismo, el Surrealismo y el Expresionismo, tomando mucha influencia de estas pero sin sacrificar su propio estilo. En la obra “El hijo pródigo” es impresionante la modernidad de los protagonistas.

Una gran fiesta se está preparando en las calles de Vitebsk, todos salen de sus casas y con afán y conmoción salen a participar de la alegría de los dos personajes que acaban de encontrarse en el centro del cuadro. Atrás de las montañas, la lluvia está pasando y abandona la ciudad, haciendo paso al sol que ilumina el paisaje. Todo es una fiesta porque lo que ha pasado es un evento extraordinario, el joven regresó. ¡Estaba perdido y regresó! Estaba como muerto y ahora está más vivo que nunca. Lo había dejado todo para buscar fortuna, pero ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo si luego se pierde a sí mismo?
El profesor Giovanni Riva en la poesía “El día que” imagina lo que con timidez el joven le dice al padre acercándose a su regazo pidiéndole perdón:

“El día que decidí volver
No recordaba ya el porqué de mi partida:
Había pasado tanto tiempo. Entonces pensé que era otro,
Que mi cabello había encanecido.
Creía que ya no estaba más en Tí.
Miraba en el espejo, a cada instante,
para verme el rostro.
Mi alma es violeta
por haber llorado tanto y Tus brazos
abiertos
creen en mi regreso.

El padre no termina de escuchar aquellas palabras, sino que lo aferra y lo acoge, sin ni siquiera esperar a que el hijo se disculpe por su error. Nosotros somos como aquel joven que se perdió, sumergidos como estamos en la distracción y el cansancio, en el dolor y el sufrimiento, en la desesperación, como los colores que Chagall usa en su pintura. Como si fuésemos otros, no mi verdadero “yo”, sino alguien que no coincide con la verdad de mí. ¿Qué hacer entonces? Al igual que el joven, deberíamos regresar a aquel lugar que nos devuelve nuestra identidad. Así como el padre lo acoge también nosotros necesitamos alguien que nos recoja y perdone, porque el amor más grande es la misericordia. Chagall, no pone el encuentro en un ambiente privado y sentimental, sino que todo se desarrolla en medio del pueblo, en la comunidad, todos lo acogen. Igual nosotros necesitamos una amistad que nos abrace, que sea una correspondencia a mi destino, que sea una gran fiesta. Solo la pregunta sobre el origen y destino nos hace regresar a nosotros mismos; y la unión de personas que se ponen la misma pregunta forma una amistad, reunida por Uno que abraza.



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