El hombre que fue jueves

Autor: G.K. Chesterton
El hombre que fue Jueves se desarrolla en Saffron Park, un suburbio ficticio de Londres, y es considerada por algunos críticos la precursora de la ficción detectivesca y la mejor novela de espías que se haya escrito jamás.
Gabriel Syme, joven poeta, es reclutado como policía por un destacamento especial en Scotland Yard, recibiendo el encargo de infiltrarse en el Consejo Anarquista Central, un grupo secreto de siete hombres que planea destruir el mundo.
Lucian Gregory, también es un joven poeta pero de espíritu anarquista y se enoja en una discusión sobre el propósito de la poesía con Gabriel Syme. Después de algún tiempo Gregory lleva a Syme a una reunión local para mostrarle que es un auténtico rebelde. El capítulo local, por casualidad, tiene que elegir esta noche a quién los ha de representar en el Consejo Central de Anarquistas. Pero, en vez de elegir a Gregory, los asistentes de la reunión eligen al agente Syme, quien se vale de su ingenio para fingir ser él mismo anarquista y ganar los corazones de sus auditores después de un apasionado discurso.
El Consejo mundial es compuesto por siete hombres, cada uno asume el nombre de cierto día de la semana; a Syme se le da el de Jueves.
En sus esfuerzos por desbaratar las intenciones del Consejo, sin embargo, descubre que cinco de los otros seis miembros son también policías/detectives encubiertos; todos igual y misteriosamente empleados y asignados para derrotar al Consejo de los Días.
Es difícil tratar de explicar coherentemente el argumento porque El hombre que fue Jueves es una novela desmesurada, onírica y extravagantemente fantasiosa. Se trata de una novela policíaca en la que no hay delincuente, ni hay delito, dos fuerzas inocentes, casi amándose, se combaten generando una divertidísima historia de aventuras, enredo, intriga. Los héroes de la novela son hombres de carne y hueso aunque al final se diluyen en una alegoría inmensa, tan inmensa que es ya invisible.
El sistema pretende manipular hasta los rebeldes que están en contra del mismo sistema y así logra engañar a todo el mundo.
La verdadera rebeldía es ir en contra de este poder sutil que quiere gobernar cualquier instante de nuestra existencia, a través de la manipulación que empuja a los hombres a luchar por objetivos que no corresponden a su verdadera realización.
Un cierto estilo sistemático y muy difundido de crítica humana y social que nosotros absorbimos inconscientemente no puede ilusionarnos, haciéndonos creer que estamos en una verdadera posición crítica. Es suficiente ver cómo, en la práctica, muy a menudo, la mayoría de crítica rebelde termina en las garras de la opinión pública y de su poder, con el fin de ser utilizada de forma acrítica y de ser incorporada en un orden constituido que tiende a imponer lo que hace parecer obvio; de esta forma, no se crean espacios para una mayor libertad del yo y para una verdadera humanidad suya, espacios que únicamente, el impulso crítico, que nace del corazón y de las mentes auténticas del hombre, puede crear.



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