¿La comunidad politica?

El jueves 26 de noviembre de 2017, el Centro Cultural One Way de San Salvador, invitó al Dr. Rubén Zamora a impartir una ponencia sobre el tema “¿La comunidad política?”. El Dr. Zamora es un político de larga trayectoria en El Salvador y ha sido uno de los promotores del diálogo en el proceso de paz que desembocó en la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla salvadoreña, en 1992.

 

“Si nosotros tratamos de desentrañar de dónde viene la palabra comunidad (palabra muy sencilla y compleja) descubrimos que viene de común, lo que se tiene en común; todos somos una comunidad porque todos tenemos algunas cosas en común”. Con este preámbulo, el Dr. Zamora provocó a los asistentes durante su conferencia, enfatizando sobre la contradicción entre la conciencia del yo y la necesidad de permanecer con los demás. El individualismo y el colectivismo son dos concepciones de la convivencia que fracasaron porque fueron llevadas al extremo; sin embargo, ninguna de las dos puede vivir sin la otra. No podemos vivir fuera del conjunto, ya que esta es la estructura básica del ser social; ni podemos suprimir el yo, sino legamos una sociedad robótica. Sin embargo, aclaró que no existe colectividad sin que cada uno busque su realización individual.

La política permite, entonces, reducir las contradicciones entre los otros y yo, nos ofrece tentáculos para organizar nuestra vida. Por esa razón, “la esencia de la política es ser puente entre el yo y el colectivo, porque solo desarrollando un puente racional y que respete a ambos lados se puede alcanzar la realización personal y de la comunidad. Ver un solo lado no es ser puente”. En ese sentido, lo que desarmoniza a la sociedad es la desigualdad, por eso el Estado tendría que reducirla.

Al político no sólo se le exige que tenga moralidad, sino, además, que sea eficiente, porque tiene tareas enfrente. La política, precisamente por su complejidad, necesita de la ética, porque son seres humanos los que intervienen. Los miembros de los partidos políticos son seres humanos. El gobernante, en su “yo”, debe necesariamente haber estructurado una conciencia que le ayude a tomar las decisiones.

Desgraciadamente en nuestro medio no se reflexiona sobre esto y todo nuestro lenguaje está dirigido a la negatividad y a la anticorrupción, pero los valores éticos no se introducen como deberían hacerse. El papel de la política es entonces el de concertar y los partidos políticos, que son el vínculo entre el Estado y la sociedad civil, son los que hacen esa mediación.

Para ello la política tiene sus propios instrumentos.

El primero es una estructura orgánica y la capacidad de organizarse. Hay diferencias radicales entre la estructura de los partidos políticos y la de las empresas, se trata de una administración muy distintas. Además, para estar al paso de los tiempos hay que renovar periódicamente los reglamentos y la forma de operar de la Asamblea Legislativa y de los partidos políticos. Sobre este aspecto una visión crítica de los sistemas organizativos es lo que necesita cada país, sobre todo si desde hace más de cuarenta años tiene el mismo modo de operar dado por su viejo reglamento interno. El segundo punto es la ideología política, que es un instrumento ineludible y necesario para el partido político porque tiene que establecer jerarquías entre valores y capacidades. Se ponen metas pero la ideología no da soluciones, sino orientaciones políticas. El problema surge cuando la ideología se convierte en dogma. La ideología es un buen instrumento si sabemos cuáles son sus límites. El tercer elemento es la capacidad de percibir el sentimiento de la comunidad. Esto se puede hacer si el político es cercano a la gente. La política debe concertar y tener la capacidad de percibir el sentimiento de la sociedad, lo que desean los ciudadanos para su comunidad.



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