La nostalgia de la felicidad

Frente a una situación de dolor es normal preguntarse el porqué y con qué fin acontecen las cosas. Nadie estaría dispuesto a aceptar el mal de forma pasiva, sin cuestionarse.
Sin embargo, si nos detenemos a pensarlo un poco nos damos cuenta de que el dolor no existe en sí. El dolor es algo que va en contra del bien. Podemos decir que el dolor existe como nostalgia de felicidad, tú pruebas la sensación del dolor porque todo en ti desea la felicidad. No podríamos pensar que la existencia de los seres humanos tuviese como destino aquel de sufrir. El ser humano integral y realizado es necesariamente bueno, lo que lo contrasta es el mal. Dios ha creado al hombre como un ser capaz de ir hacia su destino. El mal es destrucción del ser y es lo contrario de la creación; el dolor entonces existe como nostalgia de felicidad y la esperanza que nos mueve es el destino que tenemos.
Ver la realidad desde este punto de vista es sumamente esperanzador y realista. Si el deseo de felicidad es lo que caracteriza a todos los seres humanos, frente a realidades de dolor o situaciones de impacto, si no reconocemos este deseo de felicidad, vivimos el momento en forma desesperante. Si no logramos ver el bien y lo positivo en nuestra vida llegamos al absurdo de ver el dolor como el fin en sí mismo. En cambio, puede ser que a través del dolor, ese deseo de realización nos hable y acontezca.
De todo lo anterior se deduce evidentemente que ninguna derrota presente es absoluta, sólo no llegar al destino al que el corazón anhela puede definirse como tal.
¿Entonces de dónde viene la salvación, o liberación o felicidad? Viene de “dentro”. La pregunta infinita que está en el corazón del hombre es lo más bello e importante que tenemos. De esta pregunta nace el sentido de justicia y el sentido de la igualdad; de allí también nace el deseo de que todos los hombres sean felices. El hombre lleva dentro de sí un deseo. Para explicarlo, ponemos un ejemplo. Imaginen al primer hombre que apareció sobre la tierra. No ha visto nunca el agua, pero le quema la garganta de sed. Entonces, se pone a buscar algo que le alivie este tormento. Prueba llenándose la boca con arena, luego hojas, pero la sed sólo empeora. Aun así, no se desanima y continúa buscando, porque sabe que debe existir algo que alivie su sed. De la misma manera hay algo dentro de nosotros que dice: “¡Mira que naciste para ser feliz! Entonces, ¡busca! ¿No sientes que tu corazón te dice que esta felicidad existe?”. Por eso nosotros sabemos que esta salvación, felicidad, debe existir. No sabemos dónde, pero sabemos que existe, porque hay un sentido interior que nos lo sugiere. Si hay un deseo de felicidad, entonces debe existir la respuesta que lo satisface.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *