La posada de la sexta felicidad

EE.UU. 1958 a M.Robson
con Ingrid Bergman, Robert Donat
Gladys, una joven y emprendedora misionera protestante, viaja a China y llega a una pequeña ciudad donde ya opera un misionero anciano, que ha tenido la idea de abrir una posada: la “posada de la felicidad”, donde ofrece comida y alojamiento a los que están obligados, por trabajo, a viajar por la región. Poco después de la llegada de Gladiys, el misionero muere en un accidente y la joven, que no conoce la lengua, no conoce las costumbres ni las tradiciones del país, debe asumir repentinamente toda la responsabilidad de la misión. Lin Nan, un funcionario chino del ejército, la quiere convencer de abandonar la obra, pero Gladys decide quedarse. Poco a poco se gana la confianza de todos y hasta del Mandarín. El apoyo que ofrece, con obras de caridad, responde al sufrimiento de los habitantes del país. Pero la guerra se acerca.
Cuando Lin Nan toma conciencia del trabajo que está llevando a cabo Gladys, la aversión que sentía por la misión se convierte en simpatía y amor. Él declara su afecto a Gladys y quisiera que se pusiera a salvo de la guerra pero ella decide compartir el destino incierto de la población. Al llegar los japoneses todos huyen mientras Gladys recoge a su alrededor a los niños que han quedado sin hogar y sin familias.
Ciertamente, esta hermosa aventura explica bien lo que significa dedicarse a la propia tarea frente a la existencia, teniendo clara la conciencia de quiénes somos. Las elecciones que ha hecho Gladys, a pesar de la tentación de escapar ante la inseguridad y el peligro, el renunciar a la comodidad e incluso al amor, es una muestra de ello. Sin embargo, su vida es y sigue siendo dictada por la alegría y la felicidad. Su posada es realmente un lugar de amistad y descanso para todos los que allí se hospedan. Pero, lo es aún más su persona que ofrece amistad a todos los que se le acercan. Este aspecto no viene ciertamente de su buen carácter, sino del amor al destino de aquellos que encuentra.



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