Libros Libres

Hemos entrevistado a algunos jóvenes del Movimiento Universitario The Others para presentar el trabajo “Libros Libres” que realizan en diferentes países de Centroamérica con los niños de los mercados de las capitales.

One Way: ¿Qué es “Libros Libres”?

Karla (San Salvador): Hemos escogido este nombre porque, de manera ambulante, acercamos los niños a los libros, leemos cuentos con ellos y les ayudamos también en sus tareas de la escuela. Todos los domingos nos encontramos a las nueve de la mañana. En cada ciudad se realiza en diferentes localidades, en los mercados municipales o públicos. Al llegar al lugar, lo primero que hacemos es preparar el espacio con libros, cuadernos y lápices de color con los que trabajamos. En algunas ciudades se arma un toldo para protegerse del sol, en otras se colocan en el piso manteles para poder trabajar allí. Luego vamos a cada puesto de venta por todo el mercado a llamar a los niños. Preparamos siempre actividades didácticas diferentes, trabajos manuales, pintamos con ellos o les leemos los cuentos y entre nosotros o con nuestros compañeros de la universidad recolectamos los materiales que vamos a utilizar. Cuando todos terminan con sus trabajos, nos ponemos a jugar juntos, aprendemos canciones y pasamos la mañana juntos, compartiendo. Terminamos a medio día y vamos a dejar puesto por puesto a cada niño.

One Way: ¿Por qué decidieron comenzar este trabajo?

Laura (Ciudad de Guatemala): Nuestra amistad nace de la experiencia del Movimiento Universitario The Others; jóvenes universitarios que en sus diferentes centros de estudios quieren ser una compañía de amigos, lugar de una amistad concreta y cotidiana, donde se aprenda el fin de la vida y de la realidad en la cual uno se encuentra. Así vivimos la normalidad según el sentido más grande que cada uno desea y que también todos los estudiantes en las universidades o en cualquier otro ambiente quieren. La actividad Libros Libres nos enseña la gratuidad. Yo voy y ofrezco mi persona como la otra simplemente me ofrece la suya: yo no pretendo cambiarla, la acepto y le sirvo ahí como ella se me presenta. No llevamos dinero, no llevamos comida, sólo cuando se organiza algo especial, pero ofrecemos nuestro tiempo, nuestro ser, nuestro silencio para escuchar. Aceptando al otro así como es, se aprende a vivir la gratuidad en todos los ambientes. La otra persona que está a la par mía en la universidad, yo la acepto así como es y empiezo una relación con ella, así como la encuentro. Es un gesto muy educativo y que forma a la persona.  

One Way: ¿Por qué los niños de los mercados?

Helena (Tegucigalpa): Centroamérica tiene problemas vinculados a la pobreza y a la educación. Muchas familias están obligadas a enviar a sus hijos a trabajar o bien a llevarlos con ellos a sus puestos. Obviamente estamos hablando de familias de escasos recursos económicos. Ambos factores (educación y pobreza) forman un círculo vicioso, puesto que sin una educación adecuada, es imposible encontrar u obtener un trabajo digno para vivir. En esta situación, los más afectados son los niños; no es extraño ver en los mercados de las capitales muchos de ellos trabajando o acompañando a sus padres abandonados a su propia fortuna. De lunes a viernes van a la escuela por la mañana, en la tarde regresan a los puestos de trabajo, realizando sus labores entre una venta y otra. Los días sábados pasan el día entero en el mercado. Cuando no trabajan o tienen tareas, lo normal es que se entretengan con los videojuegos o reunidos frente a la televisión, medio que les inculca la nuevas reglas de la convivencia social: el individualismo, el éxito a cualquier precio, la fama y la riqueza.

 

One Way: ¿Cómo emprendieron este trabajo?

Carlos (Tegucigalpa): Preocupados ante esta situación, decidimos movernos y no quedarnos cómodos en nuestros sofás con el control remoto en mano y con las pantuflas puestas. Fue así que en el 2012, en el Mercado Los Dolores de Tegucigalpa, comenzamos una actividad que llamamos “Libros Libres”. El gesto consistía en llevar una mesa, sillas, colores, hojas y libros. Pero queríamos que más allá de las cuatro sillas alrededor de la mesa, bajo el sol de la plaza, fuese evidente un modo nuevo de estar juntos. Así pues, comenzamos. En primer lugar quisimos ser una presencia física, que nos pudiesen encontrar, que supiesen dónde estábamos: escogimos una esquina de la plaza donde, de 9:00 am a 10:30 a.m, la luz del sol no derritiese las crayolas o molestase a los niños. Todos los vendedores del mercado sabían que podían dejar a sus hijos con nosotros, y esto nos entusiasmó, pues conseguir la confianza de estas personas es difícil. Muchos de los padres nos dijeron que sus hijos esperaban con ansia los sábados por la mañana para poder jugar con sus amigos. De 10:30 a 12 del mediodía hacíamos – y todavía hacemos – juegos en la plaza. No obstante el fuerte sol, los niños se divierten, aprenden a compartir, a interesarse por el otro, a escuchar las indicaciones, a cantar juntos; esto es una consecuencia de nuestro compartir con ellos.

 

One Way: ¿Qué han aprendido de este trabajo?

Alejandra (San Salvador): A través del leer juntos, de dibujar, de hacer cantos o juegos, pasa nuestro modo de ser, de interesarnos por el otro y de su felicidad. Este modo lo aprendimos a través de la experiencia hecha con nuestros amigos y del profesor Giovanni Riva. De la experiencia y de las palabras del profesor Riva, nos vino la ayuda necesaria para emprender nuestra labor. Toda acción es buena si nace de un amor. ¿Y hacia qué es este amor? En primer lugar, es hacia mi persona. Yo deseo mi propia felicidad. No de modo egoísta si no que me doy cuenta de que también el otro, el que tengo a la par, tiene este mismo deseo de felicidad. Haciendo esta actividad respondemos no sólo a la necesidad de los niños, sino que también a aquella necesidad natural que tenemos de ir hacia el otro. Compartir nuestra persona, ir libremente hacia los demás me hace descubrir algo sublime y misterioso. Durante estos años de labor hemos entendido que acompañándonos nos educamos a ser verdaderamente hombres, a ser verdaderamente hermanos, entender que no somos nosotros los buenos que realizan una actividad de voluntariado, sino que solamente en una frecuencia de este tipo, puede nacer una amistad con un sentido bello y profundo.

 

One Way: ¿Qué lo hace diferente de otras experiencias de voluntariado?

Diego (Ciudad de Guatemala): Cuando nos reunimos, comenzamos el momento leyendo algunos textos que nos ayudan a entender el por qué hacemos las cosas. Esta reflexión nos enseña a vivir este momento diferenciándolo de un simple trabajo de voluntariado que podría hacer cualquiera; nos explica que lo hacemos porque necesitamos del otro, que no somos autosuficientes y que necesitamos crear, tanto en nosotros como en el otro, una amistad verdadera que nos dé sentido día a día y nos haga felices, una amistad que sea incondicional y una experiencia que sea real. También al final del día, después de haber dejado a los niños donde los papás, hacemos un pequeño intercambio de experiencias sobre lo que acabamos de vivir. Aprendemos, poco a poco a salir de esa mentalidad común y “perder” nuestro tiempo, que es ganancia en la búsqueda de la felicidad de la persona que tengo a mi lado en mi propia realidad, escuchar la voz de su corazón y construir con él esta amistad verdadera.



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