¿Por qué es Navidad?

En la noche de Navidad recordaremos al niño Jesús en el momento de su nacimiento, silenciosamente esperado y humildemente acontecido hace más de 2000 años, rememorado en las catedrales y en lo secreto del corazón humano. Sus amigos más cercanos, los que lo conocieron en la etapa de su vida adulta, habrán revivido los sucesos de aquella noche junto a su madre así como se evocan los acontecimientos de la vida de un amigo que ha tenido un fuerte impacto en nuestras existencias. Pero, nosotros hoy, después de tantos años ¿por qué lo seguimos recordando?

El ser humano muchas veces ya no sabe lo que desea su corazón, el amor, la felicidad, la justicia, la libertad y prefiere sustituir estos deseos con formalismos y moralismos que le dan la aparente certeza de contar sólo con sus propias fuerzas. Así se construye, en la noche de Navidad, la fábula de un día marcado por el sentimentalismo que no tiene incidencia en la vida real de todos los días pero que por veinticuatro horas nos hace ser más bondadosos. El niño Jesús se ha transformado en un excelente adorno para que por una noche seamos finalmente humanos. La Navidad se vuelve así la fiesta que nuestra hipocresía puede celebrar cada año sin empeñar nada de sí, en la certeza de que terminada la fiesta, se regresará a aquellos otros intereses que consideramos serios e importantes.

Sin embargo, la novedad que trae esperanza al mundo, el ideal de convivencia humana que todos añoramos, la verdadera paz y fraternidad, deseamos vivirla todos los días. El corazón de cada ser espera vida, amor, salvación, salud, alegría y sobre todo, espera un destino positivo para sí y para todos los seres queridos por él. El Jesús que recordamos es alguien que ha entrado en la existencia terrenal viviendo la vida como todos, pero en él fue diferente de cómo es en nosotros, en él no hubo nada malo, él era solo bueno, ha querido, pensado y hecho sólo el bien. Se hace memoria de un hombre que entró en la historia enseñando que la propia felicidad pasa a través de la de los otros. No es tanto el niño Jesús que toca nuestro corazón sino el Jesús grande que amaba de una manera desinteresada.   

Sin embargo, el recordar su nacimiento ¿qué provecho nos trae? ¿podríamos acaso pensar que lo hemos encontrado también nosotros? o ¿podríamos consideramos sus amigos? A menos que descubramos que su persona hoy puede ser aún encontrable, el recuerdo de acontecimientos pasados no aporta mucho a nuestro presente. Por otro lado, encontrarlo podría significar reconocerlo como respuesta actual a todos las interrogantes de los seres humanos.

Gracias a quienes lo fueron encontrando y siguiendo a lo largo de estos dos milenios, también yo lo puedo encontrar y seguir hoy. Para cada uno acontece en forma diferente y personal. Conocerlo, reconocerlo y seguirlo, es una experiencia y no una teoría, por ello la pregunta ¿por qué es Navidad?



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