RECUPERAR LA PROPIA IDENTIDAD

Como parte del ciclo anual de conferencias 2014-2015 del Centro cultural One Way en Tegucigalpa, se realizó la conferencia “Comayagüela: el presente desde el pasado y la importancia de la historia, 1578–2015” a cargo del historiador y profesor universitario, José Carlos Cardona.

El Profesor Cardona, a través de una apasionada ponencia, nos hizo rescatar la memoria y la identidad olvidada de Comayagüela, ciudad gemela de la capital hondureña Tegucigalpa, considerada hoy día una zona marginal y peligrosa, donde vive la “chusma” y se refugian los delincuentes, poco atractiva y sin infraestructura. A la ciudad de Comayagüela, normalmente suele reconocérsele sólo el aspecto negativo; pero la verdad es que la situación actual de la ciudad es la consecuencia lógica de su historia y que muy por encima de los aspectos negativos, tiene dignidad y un valor. Comayagüela nace como una ciudad con una población indígena, que desde sus inicios se caracteriza por su laboriosidad y su valor; los indios trabajaban al servicio de la élite minera que vivía en Tegucigalpa. Como el mismo profesor Cardona escribió en un artículo publicado por la UNAH, donde se desempeña actualmente: “Los indígenas estaban cerca del centro político porque los ricos que vivían de la explotación minera, tenían que comer y ellos servían para cultivar y cuidar al ganado. Las esposas de los señores criollos blancos tenían que limpiar sus casonas y cuidar a sus hijos, y al cruzar el puente podían encontrar mujeres a su servicio que era reenumerado con tributos”.

Desde su formación, el Río Grande se pone como frontera entre ambas ciudades, dejando establecido hasta la fecha los límites geográficos. La gran planicie donde se asienta la ciudad permite un rápido desarrollo urbano, mismo que le vale a Comayagüela la elevación de cabildo a Villa. Muchos fueron los esfuerzos por modernizar la ciudad y librarla de los indios, dándole el aspecto de una ciudad ilustrada: se construye la famosa calle real, paseo señorial que tenía su coronación en el parque El Obelisco. En esas zonas, donde ahora existen prostíbulos, estancos y bares, fue donde nació el intelectual Juan Ramón Molina, conocido como “El bardo de Comayagüela”, como lo definió el Licenciado Cardona.

Los comayagüelas fueron siempre gente arraigada a su territorio; y esto puede contactarse también hoy, al preguntarnos ¿por qué a pesar de todas las adversidades vividas, la gente niega a abandonar sus barrios y sus mercados? Los habitantes de origen y arraigo habitarán hasta que puedan, su ciudad llena de nostalgia. Mientras tanto, la élite de un tiempo seguirá esperando que algún gobierno, alguna vez, se digne en volver sus ojos y desee recuperar la dignidad y el arraigo que un día tuvo la histórica Comayagüela y vuelva el esplendor y la alegría a los decaídos, abandonados y destruidos edificios



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