RENACER JUNTOS

Las heridas de esta frágil tierra son muchas y las conocemos bien: los pobres, los marginados, las víctimas de la guerra, los migrantes, los niños que sufren; heridas que nadie piensa sanar. Y peor aún, ver esta realidad puede generar desesperación. Sin embargo, hemos encontrado y encontramos a tantas personas que luchan, viven y construyen nuevas humanidades, de maneras diferentes. Hay hombres y mujeres que tienen, desde siempre, el lema de “la bondad”. Pero, ¿cómo hacen, frente a los hechos más brutales y ante tanta banalidad, para hablar de “bondad”? ¿Acaso estarán locos, ciegos, sordos, o serán super­ficiales o imbéciles? No.

Son personas que actúan unidas, que han abandonado toda idea de lucha por el poder, ya sea grande o pequeño; son humildes y siempre laboriosos. Ellos viven una experi­encia humana que tiene un perno estable al lado de la nuestra, han devuel­to a su lugar el punto de partida de la existencia que creíamos enloque­cido. Son ellos nuestros ejemplos en la historia, ellos los que han elegido el camino, arduo, en su absoluta sencillez, de llorar con quien llora y alegrarse con quien se alegra.

Es su ejemplo que nos ha movido a descubrir por qué estas personas actúan así; a buscar esa bondad que en realidad pueda suscitar un nuevo renacer, una nueva humanidad, no de forma individual sino en comunidad, una nueva historia que nos permita en fin, “renacer juntos”.

Deseamos por esto, que las relaciones entre nosotros, documenten un amor a través del ejercicio continuo de lo que un amor implica. Sólo una colectividad vivida pone las individualidades en el conjunto del cuerpo común de la humanidad y permite a cada uno ser un obrero o profesor o médico o ama de casa o jardinero auténtico, ya que le permite a cada uno serlo, no en función de un provecho personal ni en favor de un estado anónimo o una empresa dedicada al provecho, sino en función de una amistad verdadera.

Deseamos que este “Renacer Juntos” sea una ocasión para recuperar la responsabilidad de luchar y de construir lo nuevo, lo verdaderamente humano y una compañía de hombres que trabaje con un sentido grande, queriendo construir una nueva historia que abrace todas las necesidades de los hombres.

SONRIENDO, HAS DICHO MI NOMBRE

Entre todas las exposiciones presentadas en el Tonalestate 2015, tuvimos la dicha de presentar las imágenes del fotógrafo guatemalteco Alejandro Mátzar Loch sobre la actividad “libros libres”. Presentamos a continuación la explicación del tema y algunas fotografías.

La sonrisa de un niño es innata, provocada y correspondida; la peculiaridad de su sonrisa está en su pureza, inocencia y naturalidad. Los niños, a pesar de su triste realidad, nunca dejan de sonreír. Las guerras y los estados fallidos nos imponen una desigualdad social que nos crea una atmósfera en la que muchos de estos pequeños quedan a merced de un obscuro futuro.

Pero cuando existe algo bello dentro de nosotros, sentimos la necesidad de comunicarlo a los demás. Cuando vemos a alguien que sufre, sentimos la necesidad de ayudarlo con algo nuestro. Esta exigencia es tan original y natural que existe en nosotros antes de que tengamos conciencia de ella.

Pero todo lo anterior ya lo sabemos y de nada sirve recalcar lo mal que está el mundo.

Interesarse por los demás hace que cumplamos el único deber de la vida que es realizarnos, cumplir con nosotros mismos. Y no hablo de dedicar una fecha al año para hacerle “el bien” a un niño, hablo del constante compromiso de hacer permanente la felicidad de los que me rodean.

Hay una realidad afuera y quedarnos solo como espectadores no debe de ser la opción, sino procurar que nuestra intervención, más allá de dibujar una sonrisa, sea la de rescatar el corazón del otro y darle una esperanza en la que pueda realizar sus sueños.

Ir libremente hacia los demás, compartir un poco de su vida y poner en común un poco de la nuestra, nos hace descubrir algo sublime y misterioso; así nos forjamos una mentalidad, una manera casi instintiva de concebir la vida entera como un compartir.   

“Libros libres” es un proyecto que nació en Honduras, Guatemala y El Salvador.

Los jóvenes estudiantes se dan esta cita para compartir con los niños, hijos de los vendedores del mercado. Dedicando tiempo, fatiga y a veces bajo el sol, cada vez se organiza la actividad de juegos, dibujos y lecturas, mostrando en la normalidad del juego, la belleza del compartir.

Los niños esperan siempre ansio­sos nuestra llegada y también las madres, muy agradecidas, se complacen en saber que sus niños harán también una experiencia que los educa a vivir en comunidad, a aceptarse entre ellos y trabajar en forma organizada. Ellos son felices pero también los voluntarios se educan a donar su tiempo, sus energías y su son­risa.

En Santa Tecla, desde hace veinte años, se realiza la actividad educativa del Aula de refuerzo escolar y humano “Las Abejitas”, que cada día atiende gratuitamente a los niños de la zona marginal Las Margaritas. Se trata de una de las iniciativas promovidas por Fundación Divina Providencia, cuya labor consiste principalmente en trabajar en favor de jóvenes y adolescentes de escasos recursos, ofreciéndoles apoyo y asistencia a través de cursos de formación y actividades educativas y culturales.

Cada día los voluntarios salen juntos a buscar a los niños a sus propias casas. Generalmente los más grandes llevan sus tareas escolares, mismas que resuelven allí con la ayuda de los voluntarios puesto que no cuentan con los recursos suficientes para poderlas realizar en sus casas; contemporáneamente se imparten clases de refuerzo en las materias en las cuales presentan mayor dificultad. Para cada materia (ortografía, matemática, lenguaje, lectura) hay un día en el cual se realizan actividades extraescolares específicas. Las necesidades de cada uno se identifican por las notas que las maestras de la escuela escriben en sus cuadernos; de este modo y hablando con ellos, tratamos de hacerle conciencia de la importancia de poner un mayor empeño en estas áreas deficitarias.



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