Rutilio Grande una vida dedicada

El día jueves 29 de junio de 2017, se llevó a cabo la conferencia sobre la vida del sacerdote Rutilio Grande, impartida por el director del  Instituto de Derechos Humanos, de la UCA, IDHUCA,  José María Tojeira. Sacerdote de la Compañía de Jesús, de nacionalidad española, naturalizado salvadoreño. En 1985 es enviado a El Salvador. Fue provincial de los jesuitas para Centroamérica de 1988 a 1995. En 1989, tras el asesinato de seis sacerdotes jesuitas, en las instalaciones de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), lideró el proceso legal en contra de los miembros de la Fuerza Armada de El Salvador, condenados como autores materiales del crimen. Ha sido Rector de la UCA de El Salvador (1997-2010), Director de la pastoral social en la UCA y actualmente Director del Instituto de Derechos Humanos, de la UCA,  IDHUCA.

 

Rutilio Grande fue un sacerdote de la Compañía de Jesús quien nace en El Paisnal, El Salvador, de origen campesino. Cuando entra al seminario, potencializa su conocimiento sobre la teología y filosofía. Por otra parte, era un hombre sensible ante las necesidades de su país, practicando el Evangelio en todo momento: viviendo la opción preferencial por los pobres, al igual que Jesús. Asimismo, su labor pastoral la realiza mayoritariamente en Aguilares, municipio de San Salvador, El Salvador, donde procuraba que los campesinos se formarán en la fe por medio de tres instrumentos que le acompañaron toda su vida: La Doctrina Social de la Iglesia, el Evangelio y la Constitución (reformada en 1950, tras la Segunda Guerra Mundial).

Bajo este contexto cabe enfatizar la realidad salvadoreña para la década de los setentas, ya que se daban los primeros síntomas del conflicto armado. Por lo tanto, este deseo de devolver a los campesinos su dignidad, tuvo efectos negativos en las élites que controlaban los recursos de aquel entonces. Además, esto incluía el cumplimiento de los derechos humanos, muchas veces violados en las condiciones de maltrato que vivían las clases sociales más bajas.

Desde esta realidad y este sentir, organizó algunas misiones involucrando tanto a sacerdotes como a laicos comprometidos, responsables de impartir catequesis a los campesinos. Dentro de estas reuniones, se rezaba, se leía el Evangelio, luego se analizaba la situación actual bajo lo leído, para generar propuestas de solución de cómo afrontar los diversos conflictos. El objetivo de esta dinámica era el crecimiento espiritual y la maduración de la fe. Como consecuencia, en él aplica la frase repetida por el Papa Francisco: “un pastor con olor de oveja”.

En ningún momento dejó su identidad, ni intentó buscar beneficios ni fama, solamente sentir y servir a su pueblo, al igual que Monseñor Oscar Romero.

Se hace hincapié que todos estos actos de servicio y dedicación a la comunidad, se dieron en lo secreto, sin búsqueda del protagonismo, de intereses egoístas.. Sobre todo, era un hombre con los pies puestos en la tierra, transmitiendo esto a su feligresía, evitando caer en hipocresías y fariseísmos.

Esto era mencionado en sus homilías, siendo su última en febrero de 1977, donde se dice que presagia su propia muerte, al mencionar que: “si Jesús cruza por la frontera cerca de Chalatenango, no lo dejarían entrar. Le acusarían al Hombre-Dios… de agitador, de forastero judío, que confunde al pueblo con ideas exóticas y foráneas, ideas contra la democracia, esto es, contra las minorías.”  Un mes más tarde, el 12 de marzo de 1977, mientras se dirigía a dar una misa en su parroquia en Aguilares, fue asesinado junto con dos compañeros, por los Escuadrones de la Muerte. Este hecho movió a su amigo cercano, Monseñor Romero, quien a partir de ese momento cambia su tono y opinión en su desempeño pastoral e incluso político.

El padre Grande fue libre e indiferente en su actuar, una indiferencia que nace al buscar la voluntad de Dios antes que la propia. En pocas palabras, con su vida se muestra esta fuerza que sólo el Espíritu de Dios puede otorgar ante la injusticia, las amenazas y la represión.

La vida del padre Rutilio nos enseña a estar despiertos a la realidad, a dejar a un lado nuestros propios deseos egoístas y a ser contemplativos en la acción, invitándonos a discernir en todo momento, para en todo amar y servir. A esto cabe mencionar una frase de Moltmann: “Las Iglesias que olvidan a sus mártires políticos están en peligro de acomodarse a la religión política de la sociedad en que viven”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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