“Tell the world that i live for love” de Alejandro Mátzar Loch

La exposición fotográfica de Alejandro Mátzar, reconocido fotógrafo guatemalteco, testimonia una jornada de asistencia médica, en una de las comunidades más pobres de Santa Tecla, El Salvador. Las fotos cuentan del trabajo de los voluntarios de la “Fundación Divina Providencia”, que desde 1997, trabaja cotidianamente, con los niños de la comunidad “Las Margaritas” en Santa Tecla.

 

La propuesta hecha por Mátzar es un testimonio concreto de un trabajo práctico, sintético y eficaz. Las fotos y los videos hablan de la recolección de medicinas, de la preparación necesaria para instalar un consultorio médico ambulatorio, en una zona muy pobre y peligrosa, para así realizar las visitas médicas, que se brindan a los niños y a sus familias. Por medio de estas imágenes, podemos ver la alegría de un empeño gratuito, un pedacito de mundo “nuevo”, cambiado por el tipo de amistad que mueve a los voluntarios de la fundación. Se ve, en las imágenes propuestas por Mátzar, la realidad en la que viven muchísimos salvadoreños, hecha de necesidades concretas, pero al mismo tiempo se ve claro un positivo.

Se ve el rostro de quien no está empeñado en hacer un voluntariado para sentirse bueno, sino, de quien lleva escrito en el rostro, la alegría de compartir la necesidad de felicidad que cada hombre tiene dentro de sí.

En las fotos se aprecia una gran serenidad, en un contexto de pobreza en el cual sería inexplicable, desde un punto de vista técnico y burocrático. Aquí, a través de un trabajo como el de una jornada médica o de un aula de refuerzo, se realiza un gesto de encuentro humano auténtico. Pasando a través de la respuesta a necesidades materiales inmediatas, de hecho, el trabajo promovido por la fundación no se limita a este nivel, sino más bien está tendido a un desarrollo de la persona humana en su integralidad, es la pre-ocupación de ser compañía los unos con los otros.

La exposición fotográfica que Mátzar presenta describe lo que acontece cuando escuchamos la necesidad de nuestra naturaleza de interesarnos por los demás, sucede, lo dice la experiencia, que nosotros mismos estamos mejor. Esto se refleja en los rostros que, el fotógrafo de la Ciudad de Guatemala, nos trae como testimonio.

Además, esta exposición relata el fruto que tiene su origen en una semilla lanzada hace más de veinte años. El perdurar en el tiempo, de este trabajo voluntario, se explica sólo a través de una atención a la persona, que sean los voluntarios o las personas de la comunidad. Estas fotos testimonian un fruto que es la punta de un iceberg hecho del amor al destino del amigo; se vuelve una amistad llena del deseo de construir obras y compañías que recorran la historia y la sociedad.



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